111, en total eran 111 distribuidos por todo el cuerpo. Unos muy vistosos. Otros tantos muy ocultos. Pero eran sus 111 marcas que le auguraban belleza -según el refrán- y altas probabilidades de desarrollar la enfermedad cuyo nombre no se pronuncia por miedo a llamarla. A ella le gustaba mirarlos y tratar de recordar el …
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Comunicadora social periodista sin ejercicio. Alguna vez lo fui, tanto comunicadora como periodista, y disfruté hasta lo impensable mi vida en la sala de redacción (no tanto en la comunicación). No lo añoro porque como adulto que se respete o más bien que irrespete, creo que el periodismo de antes era mejor, pero lo recuerdo con cariño y en ocasiones con nostalgia. En la lectura encuentro refugio y en la escritura mi escape. Casi siempre escribo para mi y para los míos pero hoy me arriesgo a hacerlo para otros que incluso no conozco.