La gata

Cansada de esperar y después de agotar todas las maneras de terminar sus siete vidas, pidió a la luna que la dejara refugiarse en un cuento imaginario donde sería feliz. Desde ese momento estuvo inmóvil en el filo del tejado. Mantuvo en su boca una mueca de sonrisa, la cola abajo y las orejas afiladas. Se volvió la gata taciturna. Ni el viento …

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