Crisálida

Con fuerza se estiraba, tratando de romper el huevo.

Afuera, ella tenía que frenar el paso y llevar su mano al costado izquierdo, como queriendo contener el dolor. Tomaba aire y, por momentos, sentía un descanso. Pero el sufrimiento no paraba y volvía en forma de punzada. Se agachaba y susurraba un lamento.

Adentro, el huevo seguía con pocas grietas y ella esperaba un poco de luz para armar su paso a la superficie. Aunque ya había comido bastante y cambiado su exoesqueleto hasta la metamorfosis, la oruga parecía querer quedarse allí, en ese diminuto espacio, al que la había condenado su portadora.

A diferencia del resto, ella no había completado su proceso en dos semanas, o menos. Llevaba esperando durante más de un lustro una señal para abrirse paso. Pero el huevo se hacía más duro y buscaba el sitio más oscuro -una cueva resbalosa en la boca del estómago- para refugiarse.  Allí, los jugos gástricos parecían olas que amenazaban con destruir su estructura, pero en cambio se endurecía.

Afuera, ella se encontró con unos ojos cafés y un pequeño lunar en la mejilla izquierda. En ese instante sintió otro retorcijón y decidió refugiarse en una pequeña cocina y no mirarlo.

Adentro, la oruga vio un pequeño agujero en forma de estrella y se sintió estrecha…

Quiere salir. Intenta dar golpes para hacerlo más grande, pero aún está débil. Vuelve y golpea con su cabeza intentando abrirse espacio, pero la corriente está fuerte. Descubre que necesita una balsa para poder moverse por fuera del agujero. En ese instante hace una pausa y empieza a construir un barco de seda.

Afuera, las horas pasan y el dolor se esfuma entre los  versos de Borges y la voz de Thom Yorke.  Ella se siente aliviada y piensa en lo pasajero del dolor que regresa cada vez que siente miedo.

Adentro, la balsa está lista y se sostiene sobre una rama. La oruga ya es crisálida y aletea con fuerza para navegar hacia afuera. A medida que avanza van creciendo sus alas y la estrella del huevo se ve lejana.

Afuera, el dolor está de vuelta. Ella lo mira y  siente que se atora la garganta.

Adentro, la embarcación pierde el control. A medida que alcanza velocidad, las alas se despegan de la crisálida.

Ella abre su boca y la mariposa despega sus alas. Él la recibe y la frena antes de llegar al esófago. Ella espera que empuje con fuerza y se la envíe de regreso a su alma.

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