La voz de la Amiga invisible

Una mujer se sentía perdida, como si todo lo que hacía no fuera suficiente. Caminaba con la mirada baja, esperando siempre que otros le dijeran quién era, qué valía, hacia dónde debía ir.

Una noche, al borde de las lágrimas, escuchó una voz tan suave que parecía venir de dentro:
—Amiga mía, ¿por qué dudas de ti? Tú eres raíz y eres vuelo. No necesitas demostrar nada, solo recordarte.

La mujer respondió en silencio:
—Pero… ¿y si fracaso? ¿Y si no soy capaz?

La voz sonrió con ternura:
—Fracasar es solo otra forma de crecer. Mira la luna: nunca se disculpa por menguar, porque sabe que volverá a llenarse. Y así eres tú: entera, incluso en tus vacíos.

La mujer respiró hondo. Sintió que algo se encendía en su pecho, como una chispa que llevaba tiempo dormida. Y entendió que confiar en sí misma no era esperar a no tener miedo, sino caminar aun con él, porque dentro de ella ya estaba la luz que buscaba.

Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, durmió en paz. Y al despertar, ya no esperaba respuestas afuera… porque había aprendido a escucharse adentro.

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