Desde que tiene memoria lo recuerda tratando de hacer lo inalcanzable, lo que nadie había logrado jamás, lo que para todos era un imposible, pero para él era la demostración de que era más grande que cualquier otro.
Y esa idea se le ocurrió desde el mismo momento en el que aprendió los números; y con una pregunta bien formulada pero con una respuesta no tan pensada, lo condenaron a creer que todo lo podría si así lo quería. No le hablaron de los imposibles por esa manía de asegurar que todos se puede cuando de verdad lo quieres y lo intentas, o que todo es aceptable menos rendirse y retroceder.
De ese modo, él empezó a contar primero en voz alta y luego en su cabeza: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 0 …. sin descanso, excepto aquel que su cuerpo y su mente ya agotados le exigían diariamente. Nunca alcanzó un sueño reparador, pues hasta en el mundo onírico, los números se le atravesaban.
Desde afuera se le juzgó como un niño introvertido, un adolescente algo raro, un adulto huraño. Pero aún así, hizo una vida que encajaba con lo que se juzga normal. Fue a la escuela, a la universidad, consiguió un trabajo, una novia, se casó, la tuvo a ella y a su hermano, envejeció y en todo ese transcurso siempre tuvo en su mente la obsesión por llegar al último de los números, tenía que hallarlo, tenía que descubrir el final de lo que se dice es infinito.
Y en su lecho de muerte, volvió a pronunciar en voz alta el mantra que fue su mayor maldición: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 0. Un mantra que lo condenó a no conocer la alegría del triunfo o el dolor de la derrota por un juego callejero; que le impidió saborear los besos y los helados; que lo escondió de disfrutar el olor de sus hijos recién nacidos o del pasto acabado de cortar. Sí, tuvo una vida normal: fue a la escuela, a la universidad, consiguió un trabajo, una novia, se casó, la tuvo a ella y a su hermano, envejeció, pero nunca la vivió por creer que rendirse y retroceder no es permitido, y que todo todo todo se puede alcanzar si uno se lo propone y trabaja por ello, incluso aquello que es imposible de lograr.
