Ser ruin o necesitado

Sigiloso y hábil te trepaste desde el andén hasta la ventana.

Esa destreza la he visto solo en los gatos, pero son tan hermosos, con ese halo de sabiduría y misticismo, que no podría compararte con ellos.

Pido todas las noches que un ángel custodie a mis padres y nunca que un ser vil vulnere su espacio.

Oye, olvidaste tus harapos mal olientes, nos dejaste el costal, tu cepillo de dientes, tus chanchas.

Perdona, no eres vil. Estás necesitado. Si fueras vil nos hubieras arrancado lo irremplazable.

Gracias por llevarte solo la ropa, el celular y los zapatos de mi papá. Botaremos tus pertenencias y le compraremos ropa y unos zapatos nuevos a mi padre.

Gracias por entrar silencioso.

No perdonaría que alguien interrumpiera sus sueños nocturnos en los que solo en ellos, vuelven a caminar juntos.

Si te paraste junto a ellos a observarlos mientras dormían, te perdono. No se te ocurra volver a entrar a espacios prohibidos. Un centinela invisible nos observa a todos y es justo.

Deseo que los zapatos que te llevaste te sirvan y que continúes tu camino lejos, también deseo que los sacos de mi padre te abriguen y que, si te detuviste a observarlos en la vulnerabilidad de su vejez, ese momento fantasmagórico haya tocado tu alma, más allá de elegir entre ser ruin o necesitado.

 

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