
PLEGARIA POR LOS GRITOS DE SUSANA SAN JUAN
Llegó el día en que se dieron cuenta que ella no era muda.
Al cielo subieron algunas notas agudas en medio del silencio apabullante.
Si se abre la caja se escucharía aquel estruendo y se descubriría todo. Esa es la magia de la plegaria, que se revele lo ignorado y que todo el mundo se entere. Que salgan ellos y se encuentren con las voces de los testigos, y que el pueblo entero traduzca los gemidos de un tormento que se narra en presente continuo.
Ella me pidió que no contara, a ella la llamo Susana San Juan
Rezo por la niña que guarda sus lágrimas en los bolsillos de un padre que nunca regresó.
Esta es mi promesa Susana, un día te prometí hacer una plegaria por ti.
Para ti Susana San Juan, tu maldición eran tus labios hechos flor de cerezo, un día pasó la bestia y arrancó la flor. Las hojas pasaron y se las llevó el viento. Así, como cuando este quiere castigar al cuento, le arrancas las hojas y cuenta su versión.
La bestia vino por mí, unas hojas antes, era un torbellino, pero cavé un pozo y pude escapar, por eso hoy te presto mi boca Susana, la tuya ha sido cerrada para siempre.
Rezo por ti Susana San Juan, en un mundo como este, tu belleza en flor es el peor pecado.
Los años pasaron
Nuevamente abro la boca exclamando y solo había polvo, ella nunca perdió su belleza, hoy el campo está cubierto de margaritas.

PLEGARIA PARA SAN JUAN CON BACH DE FONDO.
Advierto la noche, la vela ya no enciende. El espejo me avisa, y ya
no encuentro tu rostro.
Las alucinaciones del ajenjo han borrado mi recuerdo de tu
memoria, el hilo rojo ya no estira sus fibras y por poco se rompe.
Alguien más irrumpe por la puerta, óbito que se anuncia y antes
de irme se me ocurre una plegaria a mi santo favorito.
Hago una plegaria escrita, intento abrir la boca, juntando las
manos vacías: las palabras no aparecen.
Plegaria a mi santo: me he sentado a escribirte mi última plegaria.
La fiebre no me abandona.
Esta plegaria es tuya y si fueras San Juan, yo me tendería desnuda
en tu tapete, expectante de tus melodiosas odas.
Odas, que fueron piedra, corazón, encuentro, vida, sonrisas y un
río que crece con el baile de los ojos que se juntan, con los
ojos que se alejan y se agrandan.
Ellas fueron las armoniosas melodías, un día fueron la promesa
que se sella con libros y cartas; fueron imagen, vida y el brillo de tus ojos que se van
desvaneciendo como se desvanece el recuerdo.
Los latidos de una máquina de escribir, una promesa, un amanecer
juntos y despertar expectantes.
Hoy sólo es lienzo y olvido.
Para ti, mi querido San Juan, antes que tu recuerdo se desvanezca
de mi memoria.

PLEGARIA SIN NOMBRE UN PUNTO DE FUGA.
Rezo por todas las voces, presto mi boca para que ellas hablen.
Hago una plegaria por Juan Preciado que tiene la boca llena de
tierra
Una plegaria por los que, con Él, van directo a la fosa del olvido
Para aquellos que no están presentes…
Son cenizas, son menos que polvo,
No son nada sobre la fría mesa metálica.
Miles y millones de partículas que caen en la tierra y las arrastra el
viento
Rostros a los que no se les dio el permiso de envejecer
Ojos que no se les concedió más la luz del día
Son sumados a la lista por encontrar
Son contados como un muerto más
Y un vivo menos.
Seres que caminan errantes por el mundo
la Madre Tierra los reclama,
El río los vomita.
Otros gimen cada día esperando que encuentren el camino a casa:
A su primera morada,
Al polvo de la tierra de donde salió Adán y adonde volvemos todos.
A ustedes:
PORQUE UNA PALABRA DIBUJA EL ROSTRO BORRADO.

PLEGARIAS POR VOLVER A CASA
Plegaria por el preludio
Me volví un extraño, perdí mi rumbo. Quisiera volver a casa.
Me dejé desplazar, con fuerza me aferré y en el momento menos pensado, ya estaba afuera.
Si la casa del ser es el lenguaje, yo soy un desterrado de mi morada.
Es quizás este mi fin, así como el de Odiseo, mi Ítaca grita mi nombre y yo miro a un horizonte infinito del destierro, pero no encuentro la ruta.
Agua, solo mar; entro en él y de repente me ahogo. ¿Será quizás que en la profundidad de las aguas, está el oscuro trayecto a casa?
Allí donde la luz se desvanece y se va quedando atrás.
El hilo de los recuerdos, es el hilo de Ariadna, mi camino de regreso, la puerta de escape de este laberinto.
El amor por la casa no me deja perder la esperanza, ¿serán 10? ¿Serán 20 años Odiseo? Todo este destierro no es nada comparado con la dicha de volver.
¿Será que la encontraré vacía?
¡Eso ya no importa! mis raíces son los brazos que me sostienen en el mundo.
II
La primavera es un lugar y yo la espero
Silenciosos son los brazos que se extienden esperando a la primavera, sus ramas miran hacia el cielo y pretenden agarrarlo.
Suben y suben como torre de Babel, falta poco y pronto llegará mi cielo.
Siguen subiendo para acariciar una puesta de sol.
Aún se siente el helado viento y ella parece que tarda.
Ella es un momento, ella es un lugar.
Espero su cálido manto que abra los pétalos de las flores, mitigue el dolor, abrigue y lleguen los frutos.
III
Las raíces son tus brazos
Silenciosos brazos que se extienden, las ramas no se detienen. Sus dedos me alcanzan en mi destierro.
Cereza, luna y pino, momento quieto de mi instante.
Sólo será uno para mí y vendrá otro
La caída de la hoja del árbol que me vio crecer
Yo también fui una y lo soy.
Nadie puede entender mis matices.
Arena sacudida y se recoge la escoria.
Ella sólo espera que el viento la arrastre
La tinta de mis raíces es imborrable, la savia que destila cuenta la historia de mis ancestros
Voy hacia atrás contando mis pasos,
Advierto las huellas en las que veo las marcas del camino de mi Padre
Sus historias alargan las cuerdas que me llevan al origen
¿Serán estas mis raíces que me amarran al mundo?
No lo creo, lo que hace que mi cordón de plata no se rompa es la promesa de un mañana que no admito, del que no quiero escribir.
Aquí sólo canta el silencio y grita mi nombre.

PLEGARIA POR LA NOCHE MÁS OSCURA, LA CAÍDA DEL TELÓN.
Te ruego oh noche que me abandones.
Hoy la obertura se ha extendido como notas interminables, se ha olvidado que su tiempo se agota, avanza inclemente y resonante.
Mientras el mundo reposa,
las palabras son estrellas que estallan en el cielo.
Doblo mi rodilla mientras otros duermen y el telón está más negro que nunca.
Dicen que los ausentes no lloran y que no hay dolor para el causante, pero la obertura es la canción que no avanza, historia sin desenlace, novela inconclusa.
El testimonio nunca será borrado del gesto del ausente. Y este es el grito silenciado, eco, gemido que permanece en el instante.
Mientras tanto lloro tu recuerdo y los tímpanos se revientan en el firmamento.
Suena la sonata para que nunca caiga el telón.
Ruego por tu caída,
Inclino mi rostro por el último acto
Algún día Aurora dejará ver su rostro
Será la escena esperada.
Se escuchará el último aplauso.

Muchas gracias por hacernos recordar a los que sufren: «a los con Él, van directo a la fosa del olvido
Para aquellos que no están presentes…» no podemos ser indiferentes ante el sufrimiento. Bellos versos.