Era un señor enorme

El día que murió tuvieron que contratar a los hombres más fuertes del pueblo para alzar el ataúd. Iban incluso a alquilar una grúa, pero 14 coteros, acostumbrados a cargar cemento y madera, pudieron al fin con el féretro.
Lo llevaron a la Iglesia, no en un coche mortuorio como a todos los muertos del último medio siglo, sino en un camión que alguien de buena gana ofreció y fue allí, desde el atrio, donde recibió la última gota de agua bendita.
Para calmar los comentarios de que había hecho pactos con el Diablo, que iban piedras en lugar de un cuerpo, el cura ordenó un instante antes de echarle tierra abrir la tapa del cajón delante de todos.
Y en efecto, estaba allí solo, desnudo, como había sido su voluntad, sin ni siquiera una sábana blanca, ni una camisa de seda para la humedad. Sin embargo, pesaba todas las toneladas del mundo. Había pedido que lo enterraran con sus mejores recuerdos.

Forest Sunbeams Trees Sunlight 70365
Photo by Pixabay on Pexels.com

¿Qué opinas?