Fiebres del alma

En días como estos cuando te toman la temperatura con frecuencia, una chispa de ansiedad corre por mis venas como lava ardiente y no puedo conciliar el sueño.
En el tratado del Alma, Aristóteles define su concepto:
(…) «el alma es esencialmente una realidad comprensible como separable del cuerpo.»
Cuando el alma está enferma y quebrantada, se espera que una mano acaricie, te brinde su hospitalidad y unos ojos te miren atentamente…pero en este caso no se trata de una fiebre provocada por eros, ni tampoco aquella que llamaré filial.
Lo que no me ha dejado dormir por varias noches supera todas estas formas de amor. Es un clamor, que sale del alma y tambalea por el cuerpo, se vuelve dolor por el otro, por ese Otro que no tocará su cama esta noche, ni volverá a ella.

Entre fiebres y pestes, entre fiebres del Alma, la peor pandemia, que yo llamaré indiferencia, me provoca nauseas y dolores en el pecho.
Y en esta noche pienso: -si alguien justifica el homicidio, el exterminio y la desaparición
-¡Ese si que está enfermo!

-¡El alma se le está pudriendo!
Tiene una irremediable gangrena de conciencia, ha perdido toda esperanza y esta está disfrazada de una feliz banalidad.
El alma tiene fiebre, quizás esta sea la peor pandemia de la historia. Cuando alguien no se imagina que al salir de su casa, no regresará; y el mundo por su parte, justifique el borramiento de su rostro.
Bienaventurados los que no podemos dormir esta noche, aún estamos vivos.

6 de Mayo /2021
Paula Andrea Pérez Reyes

Ph: Jeferson Banguera @jefbanguera

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